Tepoztlán
Experiencia personal

Este hermoso poblado del Estado de Morelos es muy conocido por su gran magnetismo, por su arqueología y especialmente es un afamado lugar de encuentros ovni.

La palabra Tepoztlán quiere decir: lugar donde abunda el cobre. No se tiene la fecha precisa de su fundación, calculando la misma hacia el año 1500 a.C.

Comprende una zona llana y otra montañosa correspondiente a la sierra de Tepoztlán, donde se encuentran los cerros: Tlahuiltépetl, Chalchilteptl, Tepuztecatl, Tepozteco, etc.

De Tepoztlán hay mucha historia que contar, muchas leyendas que conocer, pero en esta ocasión me avocaré a narrar mis experiencias personales y las conclusiones a las que he llegado.

EXPERIENCIA DE 1997

Desde 1997 me interesé por ese mágico lugar, aunque ya lo había visitado años atrás.

Recuerdo que la primera vez que asistí, con fines de investigación, me encontraba en compañía de mi esposo, de mi compadre Ricardo Rosellón y del Grupo Los Vigilantes.

Era la madrugada del 8 de septiembre, fecha con alta recurrencia de avistamientos ovni y nosotros estábamos realizando una vigilancia en el cerro. Preparamos el campamento y lo protegimos con círculos de cal, ya que en ese lugar abundan los alacranes.

Aproximadamente estábamos 20 personas con un total de 8 cámaras de video, listos para registrar evidencias de cualquier evento extraño.

Alrededor de las 4 de la mañana se fue la luz en el pueblo y Ricardo señaló que algo muy brillante estaba saliendo del cerro Tlahuiltépetl. Era una impresionante luz plateada y alguien comentó que podía ser la luna, pero resulta que nuestra sorpresa fue muy grande cuando observamos a nuestro satélite natural en otro punto del cielo, muy alejado del cerro. Entonces pensé en la posibilidad de que se tratara de las llamadas "naves nodrizas", por su espectacular tamaño, sin atreverme a afirmar que sea extraterrestre.

Honestamente sentí un poco de temor, era un objeto enorme, imponente; así que caminé algunos pasos hacia atrás para buscar una casa de campaña para “refugiarme”.

Fue tal la impresión, que ninguna de las personas ahí presentes atinamos a tomar las cámaras de video, éstas se quedaron montadas en los trípodes y nosotros absortos en el fenómeno.

Aunque no salió en toda su plenitud, sí permitió observar que era un disco enorme, quizá medía kilómetros. Cuando estaba casi a la mitad iluminaba gran parte del cerro, como si fuera de día.

Para darles una idea más clara, era semejante a cuando sale la luna de entre los cerros, pero una “luna” gigante y con una luminosidad plateada que jamás he vuelto a ver.

Este disco se ocultó posteriormente y veíamos con claridad cómo recorría los cerros de forma horizontal, su resplandor nos indicaba dónde estaba posicionado.

Aproximadamente fueron 30 minutos... los necesarios para darnos cuenta que algo extraordinario estaba sucediendo ante nosotros.

Como dato importante refiero que el Tlahuiltépetl también es conocido como el “Cerro de la Luz”, precisamente por los fenómenos lumínicos que ahí se observan. Según los pobladores de la región es posible avistar la enorme luz plateada en fechas especiales, como el 8 de septiembre, día en que se festeja a la Virgen de la Natividad y que es la fiesta más importante de Tepoztlán; también en Navidad y en Año Nuevo.

En los años siguientes seguí visitando el lugar, deseaba volver a ver el fenómeno y tener la evidencia en video. Sin embargo, hasta el día de hoy, no he vuelto a ser testigo de ese disco plateado entre los cerros.

CARLOS DÍAZ

En 1998 tuve el gusto de conocer a Carlos Díaz Martínez, contactado mexicano que ha aportado extraordinarias evidencias del fenómeno ovni, especialmente en la zona de Tepoztlán, que es donde él reside actualmente; aunque su experiencia inició en la sierra del Ajusco, al sur de la Ciudad de México.

Somos buenos amigos y le agradezco que me haya compartido tantos datos relevantes, especialmente los que conciernen a los seres que tripulan dichas naves, según su testimonio, así como la autorización para publicar algunas de sus fotografías.

EXPERIENCIA DEL 20 DE ABRIL DEL 2000

El 20 de abril del 2000 tuve la oportunidad de vivir nuevamente algo extraordinario en Tepoztlán, ahora en compañía de mi esposo y mis hijos: Iván y Gerardo.

Nos encontrábamos de visita en la casa de Carlos Díaz, en una reunión familiar muy agradable, ni siquiera estábamos hablando del tema ovni, cuando vi pasar un alacrán por la sala. Le avisé a Carlos y él lo atrapó en un frasco, para posteriormente depositarlo afuera de la casa. Este hecho no me dejó tranquila, sentí temor de que alguno nos picara, así que decidí que ya era tiempo de regresar al hotel donde nos hospedamos. Recuerdo que eran las 9 de la noche porque nuestro amigo dijo: "¿Por qué se van? Si apenas son las nueve".

Cuando bajamos rumbo al auto para retirarnos al hotel, algo me hizo girar la cabeza hacia la izquierda y pude observar claramente un objeto volador amarillo, luminoso y con forma lenticular, idéntico al que se ve en las fotos de Carlos. Entonces avisé a los demás y Carlos regresó a su casa por los binoculares.

Yo traía la videocámara en la cajuela del carro, pero con poca batería porque la había usado durante todo el día, grabando los paisajes del lugar. Pero aún así la saqué del auto y, a pesar de las condiciones, logré obtener algunas imágenes de lo que vivimos esa noche, aunque el video no es de buena calidad porque utilicé una cámara de 8x de zoom óptico.

Recuerdo que se interrumpió el servicio de energía eléctrica, era contrastante la oscuridad del cielo con el brillo de las esferas. Durante dos horas, aproximadamente, observamos el fenómeno. Había una luz amarilla muy intensa, que estuvo arriba de un cerro, a veces se dividía y expulsaba esferas verdes, azules y doradas. Después las esferas se volvían a integrar a la luz que las generaba, como si fueran de bolitas de mercurio. Según Carlos éstas medían 10 m de longitud.

Cabe destacar que en ese momento hubo un cambio importante en la temperatura, precisamente cuando yo le decía a mi amigo que ya sentía mucho frío y que ya nos íbamos a ir porque los niños no traían sus chamarras. Justo entonces es que el ambiente se tornó cálido, con un agradable aroma a coco, como si estuviéramos en la orilla de la playa. Carlos mencionó que era la primera vez que él experimentaba eso, pero que ahora ya no teníamos pretexto para retirarnos, que tal parecía que "alguien" nos invitaba a continuar en ese lugar. Posteriormente nos dijo que era probable que llegara la "nave mayor", la que conocemos como "nave de plasma".

Esto que menciono del clima puede parecer ficción, estoy consciente de ello, pero fue una realidad que no sé cómo explicar, desconozco a qué se debió ese cambio de temperatura tan notorio. La conversación quedó grabada en la cinta de video.

La emoción más fuerte sucedió cuando estas luces bajaron, casi al nivel del suelo y entonces Carlos me indicó que apagara la cámara, porque era muy probable que vinieran por nosotros los "tripulantes del ovni". Nos advirtió que empezaríamos a sentir una opresión alrededor del cuerpo, por efecto del magnetismo, que nos iban a rodear unas esferas blancas, a manera de monitoreo, pero que no tuviéramos miedo... que era el momento del encuentro.

Obviamente tuve algo de temor hacia lo desconocido. Los mayores sí podíamos controlar la sensación, pero no así mi hijo Gerardo, en ese entonces de 9 años, quien ocasionalmente nos decía: “Ya quiero que se vayan”.

Por increíble que parezca, cuando mi pequeño manifestaba temor, las luces se apagaban, como respetando su miedo (o por lo menos así quiero interpretarlo). A los pocos minutos mi hijo se animaba y cambiaba de opinión diciendo: “Ahora sí que regresen” y de nuevo las luces aparecían… ¿Coincidió el prender y apagar de los objetos con la solicitud del niño? No lo sé, de lo que sí estoy segura es que yo estaba en la disposición de retirarme si Gerardo me lo pedía, aún en contra de mis deseos de seguir presenciando el fenómeno. No iba a exponer a mi hijo a una situación extrema de temor, que después le causara problemas o le quitara el sueño. Aunque cabe destacar que no fue una experiencia negativa, sí reconozco que era impresionante ver aquellas luces tan cerca y en plena oscuridad del campo.

En plena observación y ya más tranquilos, de repente escuchamos un sonido tan fuerte que hasta provocó una leve vibración en el suelo, algo semejante a un intenso rugido de león. Entonces mi hijo Gerardo sí se asustó y reaccionó escondiendo su cabecita detrás de mi cuerpo, por debajo de mi playera larga y me abrazó apretando sus brazos. En ese preciso instante hizo su aparición el objeto volador grande, la llamada "nave de plasma", idéntica a la que presenta Carlos Díaz en sus fotografías... ¡qué impresionante espectáculo!

Todos la vimos, menos mi hijo que estaba escondido. La "nave" pasó por arriba de los cerros, majestuosa, como si brincara y a su paso dejaba una estela de color azul eléctrico. Se ocultó detrás de una montaña y después sólo se apreciaba su imponente resplandor. Simultáneamente al avistamiento hubo alteración en los animales: en los borregos, los caballos, los gallos y hasta la perrita de Carlos empezó a dar tremendos saltos.

Cuando mi hijo cuestionó a Carlos sobre el origen del "rugido", él le explicó que había un circo por ahí cerca y que traían un león para sus funciones... cosa curiosa porque nunca vi el circo ni volví a escuchar al animal.

Como hipótesis personal, creo que el "rugido" pudo ser ocasionado por la velocidad del ovni, que quizás ingresó a una velocidad que rompió la barrera del sonido, provocando así un fenómeno acústico que se llama "explosión sónica" y que también coincide con la formación de estelas de condensación a baja altura. Aunque la explosión sónica no es semejante al rugido de un león, me resulta una probable explicación a ese intenso sonido que antecedió a la llamada "nave de plasma".

Después de ser testigos de lo que he narrado sí estábamos impresionados, así que decidimos retirarnos al hotel, además ya eran las 11 de la noche y los objetos luminosos ya no estaban. Todo había regresado a la normalidad y aunque habían pasado 2 horas desde el primer evento, a nosotros nos parecía un breve instante, pero muy intenso.

Al llegar al hotel revisé las imágenes en la cámara, quería estar segura de que era real lo que habíamos vivido, aunque cabe aclarar que no grabé la "nave de plasma", la que dejó la estela azul, ya que me quedé como pegada en el suelo con la cámara colgada al hombro.

El factor sorpresa quizás no me permitió reaccionar oportunamente y en verdad lamento no contar con un video de esto. Pero bueno, quedó grabado en mi memoria y en mis recuerdos.

Esa noche fue difícil conciliar el sueño, aunque mis hijos tomaron con gran madurez el suceso, finalmente no era “algo malo” pero sí “algo muy impresionante”.

Al día siguiente regresamos al lugar del avistamiento, queríamos volver a observar lo mismo, pero ahora sí bien preparados para lo que pudiera surgir, incluso con una cinta nueva y la batería totalmente recargada. No vimos nada en el cielo, fue en la tierra. Conocimos a una enigmática mujer, nos la presentó Carlos, y de ella hablaré en otro momento.

Esa misma noche, la del 21 de abril, regresamos a la Ciudad de México.

JULIO 2000

En el siguiente periodo vacacional, que fue en julio, visitamos nuevamente Tepoztlán. Además de que es mi lugar favorito para descansar, era comprensible que íbamos con el deseo de ver nuevamente la "nave de plasma".

No sucedió así precisamente, pero sí tuvimos la fortuna de ser testigos del paso de un objeto volador no identificado.

En esa ocasión fue desde las instalaciones del hotel Posada del Tepozteco, que por cierto ofrece una vista maravillosa del Valle de Tepoztlán. Nos encontrábamos cenando en compañía del joven masajista del hotel, Wayne Burton, originario de Nueva Zelanda.

Mis hijos conversaban muy divertidos con Wayne, cuando se fue la luz en todo el pueblo. Casi simultáneo al corte de energía eléctrica, mi esposo nos alertó que se estaba viendo un objeto volador luminoso que salía del cerro. Éste tenía forma lenticular, de color rojo y era más pequeño que el avistado en abril. Entonces me dirigí a mi habitación para traer la cámara de video y grabar el avistamiento. Era un poco difícil caminar porque estaba todo oscuro y no veía bien las escaleras, pero bueno, llegué a mi cuarto y saqué la cámara, sintiendo que ahora sí obtendría una buena evidencia porque traía un mejor equipo, una cámara de 20x de zoom óptico y la batería bien recargada. Sin embargo, y para mi sorpresa, cuando encendí la cámara todo se veía negro y no podía enfocar al ovni. De todas maneras activé la función de grabar, con la esperanza de que se registrara la imagen aunque yo no lo estuviera viendo en la pantalla. Incluso pensé que me estaban traicionando los nervios y por eso no podía grabar al ovni. Entonces le pasé la cámara a mi esposo y luego a mi hijo mayor, a Iván, pero ellos obtuvieron los mismos resultados: no se podía grabar ese objeto rojo que se desplazaba por el pueblo.

Me sentí decepcionada de no tener la evidencia fílmica que deseaba, pero a la vez estaba contenta de seguir siendo testigo de objetos voladores extraños en Tepoztlán.

Al revisar la cinta me percaté que el audio estaba correcto, conteniendo la emoción propia del momento, pero el ovni no se grabó, como si nunca hubiera estado ahí. También es perceptible un sonido que no identifico de dónde pueda venir, ya que durante el avistamiento no se escuchaba. Curiosamente eran las 9 de la noche, así quedó registrado en el fechador de la cámara.

Al no contar con el video, obtuve otro tipo de evidencia, ya que me di a la tarea de entrevistar a las personas que estaban con nosotros durante el avistamiento: Wayne Burton y el Sr. Alfonso Herrera quien es el mesero que nos atendía en ese momento.

Ellos accedieron amablemente a darme su testimonio y coinciden en definir al objeto como un ovni, agregando que es recurrente este fenómeno en Tepoztlán.

En fechas subsecuentes tuvimos más avistamientos, pero ninguno tan impactante como el del 20 de abril del año 2000.

CONCLUSIONES

Presento algunas conclusiones, a manera de opinión personal y en base a las vivencias en Tepoztlán:

-Nuestros antepasados tenían grandes conocimientos de la naturaleza y al parecer edificaban sus construcciones en lugares energéticos, como la pirámide que se encuentra en el cerro del Tepozteco, construida en honor al dios del pulque, "Ome Tochtli", constituyendo así un indicio más de que Tepoztlán puede ser un vórtice natural de energía, cargado de un gran magnetismo y que se hace más evidente en algunas zonas donde no es posible la comunicación con teléfonos celulares.

-Probablemente ese magnetismo emane del material geológico de los cerros que rodean Tepoztlán, también conocido como El Valle Sagrado.

-El fenómeno ovni es recurrente en zonas energéticas, especulando que sea el magnetismo lo que aprovechan para desplazarse.

-La llamada nave de plasma es real, no se trata de un truco fotográfico ni de un fenómeno natural como los rayos en bola.

-Descarto la posibilidad de que las luces de los cerros en Tepoztlán sean “luces de la tierra”, ya que denotan un comportamiento intencionado. Tal parece que estuvieran dirigidas por seres inteligentes, respetuosos de la especie humana. Refiero lo anterior porque noté cómo esos objetos luminosos se apagaban cuando alguno de nosotros demostraba temor y aunque pueden ser coincidencias, esto me resulta un dato importante para la investigación.

-Posiblemente los ovnis cuenten con tecnología tan avanzada que les permita:

Escuchar conversaciones a gran distancia. Hacer modificaciones en el clima. Tener bases en el interior de los cerros. Fragmentarse en varias partes. Determinar en qué momento se dejarán ver y quiénes serán los testigos. Permitir o impedir que exista evidencia gráfica de su encuentro.

-Es factible que estos artefactos emitan sonidos en bajas frecuencias y éstos causen molestia a los animales, por eso reaccionan alterados ante la presencia de un ovni.

-Se especula sobre la posibilidad de que el fenómeno ovni sea de origen terrestre, que se trate de naves con tecnología militar secreta. No me cierro a esta probabilidad, sin embargo, los reportes de extraños objetos voladores y de sus tripulantes se remontan a la antigüedad, cuando la humanidad no contaba con los recursos tecnológicos de la era moderna y así se constata en algunas pinturas rupestres, en estatuillas prehispánicas y en cuadros de la Edad Media, por lo que tampoco elimino la opción del origen extraterrestre.

-Para una servidora es comprensible que todavía se dude de la existencia de los ovnis, de las naves no terrestres y de los casos de contactismo. Considero que es difícil creer en lo que no se ha vivido y si a ello agregamos los casos falsos y los fraudes ufológicos, pues el resultado será el escepticismo y descrédito para los testigos de sucesos inexplicables.

Por lo anterior, sugiero a los interesados de este apasionante tema, que no crean a priori, que investiguen, que se documenten, dándose la oportunidad de ser testigos directos: observando con frecuencia el cielo y registrando cualquier suceso extraño, así como mantener una sana postura de equilibrio, donde no se anulen las experiencias vividas, ni se descalifique lo que no se comprende.

Atentamente
Profra. Ana Luisa Cid

El video del 20 de abril se difundió en un programa especial de “Canal Infinito”