A 30 años de la experiencia del Cabo Valdés
Colaboración de Raúl Núñez, IIEE Chile

El caso del Cabo Valdés es un clásico de la ufología chilena e internacional, donde supuestamente un militar experimentó el fenómeno de abducción extraterrestre, en el año 1977, teniendo como testigos a sus subalternos.

A grandes rasgos, la historia se puede abreviar de la siguiente manera:

Aquella noche del domingo 24 de abril la patrulla militar formada por ocho integrantes de las Fuerzas del Ejército de Chile estaban al mando del cabo Armando Valdés Garrido. El campamento se ubicaba unos 300 kilómetros de la ciudad de Arica, la localidad más cercana era Putre. La noche era muy fría, quince grados bajo cero. Los militares estaban alrededor de una fogata, cuando se acercó corriendo el soldado Pedro Rosales, que hacia labores de vigilancia, diciendo: “Mi cabo... hay una luz que se esta desplazando del cielo, viene bajando...”

Los militares comprueban que esta luz descendía por el cerro y se les acercaba cada vez más. La luz era muy potente, de un color blanquecino, intenso, que lo ilumina todo. El pánico comienza a apoderarse de los componentes de la patrulla. Valdés ordena tapar la fogata y a la vez que se formen en actitud de encadenados de los brazos.

Se habla de dos luces que se ubican delante de los cerros por donde había caído el primer objeto. Los movimientos son descritos como espectaculares y otros que su majestuosidad era apreciada considerablemente, de aspecto ovaladas y con luces rojas pequeñas que destellaban como balizas. El objeto principal se aproxima considerablemente al lugar de la patrulla y su luz lo ilumina todo.

Algunos militares comienzan a rezar y a otros el pánico les hace llorar. Raúl Salinas, en conversación con este corresponsal, habla de un real descalabro inicial, pero luego recuerda ver a todos sus compañeros paralizados. Aquí es cuando el Cabo Valdés se aproxima a la luz, adelantándose unos 15 metros, y pide que se identifique aquello tan extraño. Una niebla lo hace perderse de vista, ante la sorpresa de sus subalternos, y aquí existe un periodo de tiempo clave para todos testigos.

Ateniéndonos a las palabras de Raúl Salinas, el Cabo desapareció de la vista de la patrulla y ellos de pronto se vieron como saliendo de una extraña somnolencia. La primera acción fue buscar al cabo Valdés desesperadamente, al término de 15 minutos sintieron como caer un fardo o un bulto del otro lado de la “pirca” o quizás viniera de arriba. Era el Cabo Valdés totalmente en trance, según sus compañeros, usando una entonación extraña y que no era propia de sus características vocales. Balbucea frases inconexas y habla de su madre en forma desesperada... aquí es donde emite, de acuerdo a los testigos, la famoso frase: ¡¡¡Ustedes no saben quiénes somos, ni de donde venimos, pronto volveremos¡¡¡ La desesperación es máxima en la patrulla al ver a su superior en aquel estado, más aún cuando detectan al militar con barba crecida estando recién afeitado aquella noche.

Según palabras de Raúl Salinas a este corresponsal uno de los soldados que trata de calmarlo sujetándole los brazos contra el suelo le aplica un fuerte golpe en su rostro para que vuelva en sí. En este punto hay que mencionar el detalle del reloj del Cabo Valdés que se encontraba adelantado y detenido a cinco días posteriores de los hechos ocurridos, es decir que en vez de marcar 25 señalaba el día 30 de abril. Este detalle, ampliamente divulgado por la prensa, se ha convertido en un punto de la controversia más reciente, ya que Raúl Salinas declara ya en el año 1999 a este corresponsal que este reloj no era del Cabo sino de uno de los compañeros de la patrulla y que el reloj no se tomó en cuenta hasta el día siguiente y que no estaba adelantado sino al revés “estaba atrasado y marcaba el día 20”, lo cual hace este episodio más complejo y difícil al tratar de entender que hay detrás de todo esto. El famoso reloj desapareció como por arte de magia al día siguiente.

Estos son los detalles en forma resumida de lo que supuestamente pasó aquella noche en ese campamento militar. Sobre estos acontecimientos iremos trabajando y desmenuzando detalles concretos, en apartados más adelante, para lograr estructurar los hechos más o menos coherente y los cambios y detalles que han ido agregándose a medidas que ha pasado el tiempo, más aún ahora, cuando las opiniones de los protagonistas hay que tomarlas con pinzas y con mucha cautela. Intentaremos buscar los caminos más coherentes a una posible verdad de los hechos o qué se oculta realmente detrás de todo esto.

¿QUÉ PASOS DIO EL CABO VALDÉS UNA VEZ PASADA LAS INTENSAS HORAS DE AQUELLA MADRUGADA DEL DÍA 25 DE ABRIL DE 1977?

El Cabo Valdés, el día 25 de Abril de 1977, a las seis de la mañana aproximadamente, baja a la localidad de Putre y se dirige a la casa del encargado de la escuela de esta pequeña población, el nombre del profesor que lo atiende es Pedro Araneda. Este maestro, curioso y elemento esencial social en una localidad tan apartada, es el primer civil que ve y escucha la experiencia del militar.

Valdés solicita a Pedro Araneda que lo acompañe a Lluscuma para “calmar” a su gente. Su estado es muy nervioso, habla atropelladamente y en forma alterada. Rehúsa volver a caballo y prefiere hacer el camino a pie. Antes de subir a Lluscuma concurren al cuartel de Putre donde los atiende un carabinero (policía chileno) de graduación cabo y de apellido Flores, quien se muestra muy confuso ante el relato del Cabo Valdés.

Subiendo a Lluscuma, el profesor Araneda nota un enorme cansancio en Valdés y ante la insistencia que monte a caballo, Valdés sigue rehusando las invitaciones. Durante el trayecto de ambos a Lluscuma, el cabo Valdés repite su experiencia al profesor Araneda, y le dice que según relato de la gente de la patrulla “había desaparecido un tiempo” y que no recordaba nada de ese lapso.

La ambulancia solicitada en Putre llega justamente con Araneda y el Cabo Valdés ante la patrulla. Los integrantes comienzan a explicarse atropelladamente y con gran nerviosismo ante los recién llegados. Araneda nota una lucidez total en los militares, pese al haber pasado toda la noche sin dormir y comienza a realizar la primera grabación en cinta magnetofónica de la experiencia.

El profesor luego de escuchar y preguntar al respecto de lo que había pasado aquella noche, solicita una reconstrucción de los hechos y conjuntamente con el Cabo Flores (que era asistente técnico sanitario de carabineros) que también lo acompañaba, pide ir al lugar de los acontecimientos.

El cerro está a unos mil metros del sitio donde encuentran, cuando se acercan al lugar sienten enormes ganas de vomitar y la descomposición de varios militares de la patrulla es evidente. Araneda indica salir del sector ante la eventual presencia de radioactividad, por lo menos, eso es lo que piensa en esos momentos.

Llega una patrulla de revelo, que una vez informada de la situación se distribuye por las quebradas vecinas en una rigurosa inspección del terreno que rodeaba al cerro de los acontecimientos de la noche anterior. Mientras tanto en las caballerizas, el Cabo Valdés seguía en un estado de nerviosismo continuo, repitiendo su experiencia al profesor Araneda, igualmente que los integrantes de su patrulla.

El cabo Valdés es bajado de Lluscuma, en la ambulancia, en un estado de alteración notable. Cae nuevamente en un estado de inconsciencia y comienza a delirar. Grita y expresa frases como: No me hagan daño...La luz, no me lleven…

Araneda pide permiso para invitar a la patrulla a su casa y volver a comentar los hechos una vez pasada las horas, alrededor de una taza de café y en plan familiar junto a su esposa. La petición es autorizada ya que posiblemente Araneda es una de las personas más respetables de la zona y toda una institución social dentro del pequeño poblado.

Una vez en casa de Araneda, el Cabo Valdés duerme y se despierta más descansado. En esos momentos Araneda nota la barba crecida de Valdés, quien reconoce tenerla como de una semana sin rasurarse. En la conversación llega imprevistamente la luz, (la energía eléctrica en Putre llegaba en esos años sólo a ciertas horas del día). Al tener los interruptores activados la luz inunda la habitación sorpresivamente y el Cabo Valdés nuevamente entra en un estado de alteración total, comienza a gritar:....la luz...la luz.... la luz...otra vez...la luz.

Araneda describe al cabo Valdés aterrorizado y mirando fijamente al televisor que estaba encendido por la acción de la llegada repentina de la energía eléctrica.

INVESTIGACIONES POSTERIORES

La investigación en terreno es la que da a luz una serie de pautas a seguir en la ufología. Cuando ocurrieron estos hechos, en Chile no había ninguna organización dedicada al estudio del fenómeno Ovni, solo algún grupúsculo de tipo contactista y con una visión totalmente mística.

Los hechos relatados conmocionaron la sociedad chilena y la televisión, en sus programas de más audiencia, trató el tema de la patrulla militar del Cabo Valdés. Uno de estos programas fue “Sábados Gigantes” del presentador nacional Don Francisco, programa que posee el récord Guiness en estos momentos por llevar más de 40 años en candelero interrumpidamente, incluso ahora se emite en ediciones americanas y para todo Centro América. El programa en mención recurrió a investigadores argentinos para conversar con más juicios sobre lo que realmente había pasado a la patrulla militar, para tal efecto viajó el investigador Antonio Las Heras quien recogió varios detalles importantes y que condensó en su libro “Ovnis, los extraterrestres entre nosotros”.

Haciendo una recopilación de datos e impresiones, tanto sea de este investigador argentino, como posteriormente las investigaciones de Jorge E. Anfruns, investigador chileno que también se ha preocupado extensamente de este caso y las propias de este autor que ha estado en varias oportunidades en el lugar de los hechos, es obligado hacerse las siguientes preguntas:

  1. Al ser Lluscuma una zona fronteriza con Bolivia, es imposible que haya habido una sola patrulla militar en misión de vigilancia. Las relaciones entre Chile y Bolivia son frágiles lo que nos hace pensar que pueden haber más personas relacionadas con el caso.
  2. ¿Es posible que una patrulla militar en misión de vigilancia no lleve un equipo de comunicación con su base? No existen noticias respecto a este punto. Aunque pensamos que se usó este equipo, no aparecen registrado en ningún lado. Si existieron comunicaciones o instrucciones con superiores se han reservado sigilosamente y no han trascendido a la opinión pública.
  3. En el posterior traslado del Cabo Valdés al Hospital de Arica es registrado una serie de individuos de habla y aspecto americanos que interrogan al cabo Valdés. A pesar que no existe un informe de su estado físico y mental, es lógico que el acontecimiento atrae al personal de Servicios Especiales Extranjeros (posteriormente hablaremos de la opinión oficial de psiquiatras militar de la época)
  4. Se habla del efecto electromagnético de los Ovnis. Esto explicaría que los aparatos de comunicación no funcionaran correctamente ¿pero las armas de fuego que llevaban los militares? En este punto hay que decir que existen testimonios de gente de la localidad de Putre que vieron bajar el armamento de la patrulla con los cañones “retorcidos” a igual que las municiones aplastadas como si un enorme peso hubiera pasado encina. Esta idea anterior ha sido mantenida por muchos investigadores y autores de libros y periodistas relacionados con este caso, pero este punto es trascendental en las discrepancias al término de los años, cuando el integrante de la patrulla militar, Raúl Salinas, expresó en más de una oportunidad a quien escribe que no había armas en el campamento, algo increíble y de difícil comprensión para cualquier personal militar en una zona tan conflictiva, no sólo por las fronteras cercanas sino por el contrabando que motiva este lugar.
  5. La patrulla constaba de ocho hombres incluido el cabo Valdés, pero en todas las fotos oficiales aparecen cinco. ¿Por qué razón? Según los hechos “oficiales” sólo una persona desapareció en la luz. El fenómeno al parecer fue muy selectivo, pero cabe pensar que a lo mejor existen dos personas más afectadas que han tratado de ocultar deliberadamente.
  6. Algunas explicaciones extra-oficiales han expresado que nunca se dejó fotografiar el reloj del cabo Valdés, por asuntos de tipo comercial. El reloj llevaría una marca de fábrica y sería una publicidad añadida por todo el mundo si hubiera resultado ileso, o todo lo contrario, igualmente se hubiera utilizado con fines comerciales de ser inverso. Sea de una forma u otra, del reloj se sabe que era digital y jamás se mostró a la prensa abiertamente, lo que sí es cierto es nunca más se supo del famoso aparato del tiempo.
  7. ¿Por qué el cabo Valdés fue el único integrante de la patrulla que desfiló el día de las Fuerzas Armadas, el 19 de Septiembre de 1977, delante de las autoridades militares? Se tiene en conocimiento que los otros integrantes de la patrulla fueron pasados a retiro rápidamente.
  8. ¿Por qué si el Ejército aceptó un informe médico que hablaba de paranoia en el Cabo Valdés siguió perteneciendo a la Institución castrense e incluso ascendido en su grado militar?
  9. ¿Qué pasó con otros utensilios propios de una patrulla militar, u objetos que acompañan a cualquier persona en un viaje? Hebillas de cinturón, llaveros, monedas, tapaduras dentales, anillos, identificación militar, chapa del cuello militar, etc.

ARMANDO VALDÉS GARRIDO Y LA PRENSA

Durante años el cabo Valdés fue perseguido por periodistas de todo el mundo para hablar de su experiencia. Las cifras que sonaban como precio a sus declaraciones eran astronómicas pero nunca se confirmaron estas gestiones, quedando solo en la especulación y rumores.

La entrevista más conocida al cabo Valdés fue realizada en el año 1983 por Juan Jorge Faundes, un periodista no especializado en la temática Ovni, el cual incluyó en forma rápida y un poco “chapucera” unas cuantas hojas en su libro: “Ustedes Nunca Sabrán”.

La entrevista completa apareció publicada en el Suplemento Dominical de La Tercera de La Hora, bajo un tÍtulo que decía: “HE ESTADO HUYENDO TODO EL TIEMPO” Según Faundes, luego de una larga pesquisa logrÓ encontrar al cabo Valdés, quien no pudo hablar de inmediato con el periodista ya “que necesitaba un permiso especial del ejército y de un nivel muy alto” cuando Faundes le preguntó ¿Qué nivel?, Valdés le respondió: El Presidente de la República

CABO VALDÉS CONFIESA: "ES VERDAD, NO FUI ABDUCIDO"

Cuadro de texto: En entrevista exclusiva con Terra.cl, (Año 2004) el mítico cabo Armando Valdés aseguró que desde un principio supo que nunca fue abducido. Desde su casa en Temuco, relató que su versión fue tergiversada, "aunque lo de la barba y el reloj fue verdad". Asimismo, habló sobre su gran proyecto de hoy: un libro que debería publicarse a fines de año donde se cuenta su versión en detalle, de los hechos ocurridos el 25 de abril de 1977 en la Primera Región.

La entrevista fue realizada por Roderick Bowen.

Para continuar leyendo esta investigación ingrese a la web oficial del IIEE Chile: : http://www.iiee.cl/

Agradezco a Raúl Núñez su valiosa colaboración.

Atte.
Profra. Ana Luisa Cid

Corresponsal en México de IIEE Chile